Mes del Metodismo

Documentos sobre el Metodismo

276 AÑOS DEL DÍA DE LA EXPERIENCIA WESLEYANA

“La iglesia no transforma el mundo haciendo nuevos convertidos. Ella transforma el mundo haciendo discípulos”

Juan Wesley

Siempre he pensado que ser cristiano tiene un sello distintivo, más cuando llevo a la práctica mi fe en una determinada denominación. En nuestro caso el ser metodistas. Pareciera que, el decir somos metodistas es sólo un hermoso apodo, y una larga tradición, que ya es historia. Hablamos de gloriosos tiempos, de personajes que quisiéramos traer a nuestros días. Pero, nos guste o no, el ser metodistas hoy está en nuestras manos. Hermosos templos, grandes colegios, significativas obras sociales, nos dejaron ¿Qué dejaremos nosotros/as?, pareciese que ser metodista se resume sólo en recordar años de gloria. Hoy hermano/a es el tiempo, nosotros/as somos los Wesley y las Susanas que necesita nuestra iglesia y esta sociedad.
Ser metodista es ser capaz de descubrir que el amor de Dios debe ser manifestado en el mundo, es sentir que ese amor debe ser vivido para con Dios y los hombres, en una santidad personal y social. La fe, el acto del creer, se basa en demostrar mi piedad, mi devoción a Dios, por medio del ayuno, la oración, la lectura de la palabra, los sacramentos, y al mismo tiempo, el obrar en bien de los demás.
Por eso la significancia de la frase: “La iglesia no transforma el mundo haciendo nuevos convertidos. Ella transforma el mundo haciendo discípulos”
Sí tuviéramos que definir el metodismo, podemos usar la frase del mismo Wesley, quien lo definió de la siguiente forma: “¿Qué es el metodismo? ¿Una nueva religión? De ninguna manera. Es la antigua religión, la religión de la Biblia. La religión de la iglesia…tan antigua como la Reforma, tan antigua como el cristianismo, tan antigua como Moisés, como Adán…No es otra cosa que la religión del amor, el que quisiéramos ver establecida en el mundo, una religión de amor, gozo y paz, asentada en lo profundo del alma, pero con frutos siempre renovados”
Es interesante ver como otros perciben el metodismo. Rupert E. Davies, dice que: El metodismo es una forma recurrente de Cristiandad. Donde adquirieron de los Montanistas de frigia del siglo IV el llevar el evangelio al pueblo sencillo y pobre, al predicar sobre la doctrina del espíritu santo y el llamado a vivir en santificación y la organización semi-laica. Reconoce ciertos rangos Valdenses al tener códigos estrictos de disciplina, desobediencia al Papa, rechazo de penitencias, intercesión a los santos, juramentos y violentísmo militar. De los Franciscanos la predicación pública, el autofinanciamiento por parte de ofrendas voluntarias; y las influencias Moravas y Pietistas considerando el empuje de renovar la Iglesia, crear una nueva liturgia, y el buscar no solo la santidad de los creyentes sino una santidad Social.
Creo que, más definiciones no necesitamos para comprender el desafío que tenemos como metodistas. Recordamos y traemos al hoy el famoso “retrato de un metodista”. Para que cada uno se examine para ver cuán metodistas somos, como muchas veces decimos ser: Medítelo, todavía es tiempo de ser buenos metodistas. “Un Metodista es quien tiene el amor de Dios derramado en su corazón por el Espíritu Santo que le es dado. Metodista es todo aquel que ama al Señor su Dios con todo su corazón y alma y mente y fuerzas. El metodista se regocija siempre, ora sin cesar, y en todo, da gracias a Dios. Su corazón está lleno de amor hacia toda la humanidad. El metodista es un cristiano purificado de la envidia, la ira, la malicia, y de todo afecto impío. Su único deseo y su única aspiración no es realizar su propia voluntad sino la de aquel le envió. El metodista guarda todos los mandamientos de Dios, desde el más pequeño hasta el más grande. No sigue las costumbres del mundo, porque el vicio no pierde su naturaleza cubriéndose con ropaje de lo vistoso. El metodista no se conduce con vanidad. No amontona riquezas sobre la tierra ni se adorna con oro y trajes costosos. No participa en ninguna diversión que ostente la menor tendencia hacia lo malo. No habla mal de su prójimo. Tampoco miente. No pronuncia palabras duras o viles. Hace el bien a todos los hombres, ya sean vecinos, extranjeros, amigos o enemigos. Estos son los principios y prácticas de nuestra denominación”
Que Dios reviva el don del Espíritu Santo que hay en nosotros y nosotras.
En Cristo,

Pr. Miguel Ángel Ulloa
Secretario Eclesiástico Nacional

¿Quién es el Pueblo llamado Metodista?

Junta de Ministerios Globales

EL MOVIMIENTO METODISTA

LA SANTIDAD PERSONAL Y SOCIAL
Los Wesley afirmaron en lo esencial los Artículos de Fe de la Iglesia de Inglaterra y sus prácticas. Organizaron sociedades de individuos, en su mayoría miembros de la Iglesia de Inglaterra, para participar en una vida disciplinada de oración, alabanza y compromiso social. Establecieron reuniones de clases dentro de las sociedades Metodistas con el propósito de promover la participación regular en cada aspecto de la vida de las sociedades. De esta manera, la fe y la vida cotidiana se afirmaron como una unidad. Los Metodistas sostuvieron que el amor redentor de Dios en Jesucristo es personal, experiencial, intelectual y social: un amor para toda la gente en todo lugar y tiempo. La conversión significaba vidas transformadas y una nueva vida. Cuando seguimos a Jesucristo con el propósito de convertirnos en instrumentos del amor de Dios en el mundo, nuestras vidas adquieren propósito. Ya no podemos conformarnos con un cambio personal. A medida que crecemos en una relación de santidad con Dios, nuestro cambio también tiene que afectar al mundo que nos rodea. Para los Wesley era inconcebible hablar de santidad personal sin santidad social.
UNA FE EVANGÉLICA Y SACRAMENTAL
Además de sus énfasis en la autoridad de las Escrituras, el don de la razón y el valor de la tradición, que caracterizaban a la Iglesia de Inglaterra, los Wesley subrayaron la experiencia. La fe abarca la totalidad del individuo: cuerpo, mente y emociones. Podemos conocer y sentir el amor de Dios en nuestras vidas. ¡El amor redentor de Dios en Jesucristo puede conocerse y experimentarse personalmente! Esto se pone de manifiesto cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador y la fuerza central de nuestra vida y cuando nos mantenemos en comunión constante con Dios a través de la oración y el sacramento de la Cena del Señor, una comida común que afirma el amor sacrificial de Dios como una manera de vivir cada día.
UNA FE QUE CANTA
El Metodismo se convirtió en una movimiento que canta. El mismo Carlos Wesley se consagró a la tarea de escribir himnos que abarcaban la fe y la vida. El y su hermano Juan publicaron muchos de esos himnos en panfletos e himnarios para circulación entre las sociedades Metodistas. Durante su vida, Carlos escribió unos 9,000 himnos y poemas. Juan, también un excelente compositor de himnos, a menudo editó los himnos de su hermano para su publicación. Juan coleccionaba y publicaba melodías apropiadas para esos himnos. Las palabras amar, conocer y sentir ocupan un lugar central en los textos que Carlos y Juan compusieron. Los hermanos Wesley creían que, aun cuando el individuo puede asentir intelectualmente al conocimiento que Dios ha personificado en su amor sacrificial por toda la humanidad a través de Jesucristo, de todos modos debe sentir dicho amor en su propia vida y a través de la misma.
LA MENTE Y LA FE
El interés de los Wesley en la educación y la preparación y publicación de materiales pronto comenzó a caracterizar al movimiento Metodista. Dios había otorgado a todos el don de la mente, el cual debía extenderse de tal manera que abarcase el conocimiento y la experiencia de Dios y la creación, así como de la condición humana. Por lo tanto, los hermanos Wesley escribieron materiales para enriquecer la fe y el entendimiento. Juan publicó numerosos sermones y las Notas aclaratorias sobre el Nuevo Testamento. Ambos recursos, junto con los himnos de su hermano y el Libro de Oración Común de la Iglesia de Inglaterra, formaron el núcleo de las creencias Metodistas.
Los Wesley también creían que los hombres y las mujeres, creación de Dios, tenían que comprender tanto como les fuera posible la universalidad de la experiencia humana. Por esta razón, Juan publicó varias obras (algunas de ellas eran ediciones abreviadas de otros autores) sobre historia mundial, geografía, electricidad, el arte de cabalgar, etc.
Los siguientes énfasis son esenciales a la creencia y la práctica Metodistas: la autoridad de las Sagradas Escrituras; la iglesia como cuerpo de Cristo; un encuentro personal con Dios mediante la revelación de Jesucristo; la alabanza de Dios mediante el canto; una vida de oración y adoración; el testimonio interior del Espíritu; una disciplina de estudio, compromiso social y fidelidad a los sacramentos de la iglesia (el bautismo y la Santa Comunión), y la búsqueda de una santidad personal y social. Los Wesley también popularizaron muchos énfasis surgidos con la Reforma protestante, en particular el sacerdocio de todos los creyentes y la justificación por la fe.
LA MISERICORDIA Y LA JUSTICIA
Desde los orígenes del movimiento Metodista, los Wesley insistieron en una comunidad de fe comprometida socialmente, lo cual explica que visitaran prisiones, construyeran escuelas para los hijos de los mineros, ministraran a los pobres en las fábricas y talleres urbanos y les proveyeran alimentos, ropa, abrigo y cuidado médico. A la luz de la comprensión que los hermanos Wesley desarrollaron de la Escritura, dicho compromiso constituía un imperativo para los seguidores de Jesús. Amar como había amado Jesús exigía que uno viviera una vida de misericordia y justicia en todas las cosas y para con todas las personas.
EL ROL DE LA MUJER
Desde sus comienzos, el movimiento Metodista se enriqueció gracias al liderazgo y el ministerio de las mujeres, quienes a menudo le enseñaron a la comunidad de fe cómo vivir la vida cristiana a través de la adoración en fidelidad; el estudio; la disciplina; el cuidado de los pobres, los enfermos, los agonizantes y los desposeídos, así como a través de su ministerio como maestras y testigas de la fe. Frecuentemente las mujeres también desempeñaron roles pastorales aun cuando no estaban oficialmente ordenadas.
EL MINISTERIO ITINERANTE
En virtud de su afiliación con la Universidad de Oxford, Juan y Carlos Wesley asumieron un ministerio itinerante. Atravesaron toda Inglaterra, a menudo a caballo, así como Irlanda, en misiones de predicación. De este modo pudieron establecer una red de sociedades Metodistas, las cuales funcionaron como centros de vida congregacional y comunitaria. Los Wesley no tenían la menor intención de usurparle energías y recursos a la vida congregacional de la Iglesia de Inglaterra; por el contrario, todo cuanto anhelaban era revitalizarla. Ejemplo de ello es el hecho de que, durante los primeros años del movimiento, las sociedades Metodistas no sirviesen la comunión a sus miembros; por el contrario, los animaban a que la tomasen en sus respectivas parroquias.
Según la ley canónica de la Iglesia de Inglaterra, nadie podía predicar dentro de los límites de una parroquia sin el consentimiento del pastor local, de allí que muchos se opusieran a la predicación itinerante de los Wesley y que los vieran como provocadores. La década de los 1740 fueron años particularmente difíciles para los Wesley y el movimiento Metodista. Con frecuencia fueron víctimas de populachos violentos y burlas incontables. A veces las turbas destruyeron los hogares donde los Metodistas se reunían para predicar. Se los atacó personalmente, y a Carlos incluso se lo acusó de traición.
LA CONEXIÓN METODISTA
La red de sociedades Metodistas requería supervisión, educación y cuidado. El problema es que no habían suficientes pastores ordenados de la Iglesia de Inglaterra que simpatizaran con el movimiento como para cubrir todas las necesidades de enseñanza y predicación. En consecuencia, los Wesley implementaron un programa de predicadores laicos.