Ministerio Social Metodista

MISOMMINISTERIO SOCIAL METODISTA

El Ministerio Social Metodista (MISOM) es una expresión de servicio de la Iglesia. Su propósito es coordinar la acción social de la Iglesia Metodista de Chile, con un sentido transformador y liberador del ser humano.  El fundamento de su misión es el evangelio de nuestro Señor Jesucristo  y su objetivo es ayudar a  construir una sociedad justa, fraterna y solidaria.

Este Ministerio ofrece servicio directo a 10.000 beneficiarios y reúne las siguientes instituciones de ayuda social, especialmente en los sectores más vulnerables en nuestro país:

  • Centro de Atención al Migrante (CAMI) en Arica.
  • Hogar de Ancianas “Huerto de Paz” en la ciudad de Iquique.
  • Hogar de Ancianas  “Julia Navarro” en la ciudad de Antofagasta.
  • Centro de Reforzamiento Escolar de la Iglesia Metodista de Iquique (CEREIMI) en la ciudad de Iquique.
  • Extensión Metodista al Niño Andino (EMANA) en el pueblo de Pachica y ciudad de Iquique.
  • Equipo Metodista de Ayuda Humanitaria (EMAH).
  • Biblioteca Comunitaria en la ciudad de Talca.
  • Centro Integral Loida  y Hogar de Niñas “Faro de Luz y Esperanza” en la ciudad de Coronel.
  • Hogar Universitario en Concepción.
  • Servicio Evangélico para el Desarrollo Comunitario (SEDEC) en la ciudad de Concepción y sectores rurales de la región.
  • Junta de Obra Rural Metodista (JORM) en la ciudad de Nueva Imperial y sectores rurales de la región.
  • Centro Comunitario “Copihuito” en Nueva Imperial.
  • Centro de Diagnóstico Ambulatorio “Clyde Tucker” en las ciudades de Punta Arenas y Puerto Natales.
  • Programa Preventivo Comunitario “Tiburcio Rojas” en Punta Arenas.
  • Programa Preventivo Comunitario “Juan Wesley” en Punta Arenas.
  • Programa Preventivo Comunitario “Jeke & Selas” en Punta Arenas.

 

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mi.”

Mateo 25:35-36.

NUESTRO CREDO SOCIAL

NUESTRA HERENCIA METODISTA EN LO SOCIAL

El interés de la Iglesia Metodista por el bienestar social tiene su origen en el Evangelio de Jesucristo y en la labor y legado de Juan Wesley. El fundador del metodismo insistió permanentemente en que todos aquellos que son perdonados y perdonadas por el Señor, son también capacitados y capacitadas por él para amar de la manera más práctica, en todas las relaciones humanas, no sólo en el campo religioso, sino en todo el diario vivir.
Wesley invirtió una gran cantidad de tiempo atendiendo las necesidades físicas, espirituales, intelectuales y sociales del pueblo. Para ello abrió dispensarios, escribió sobre medicina poniéndola al alcance de los pobres, combatió la esclavitud, organizó programas de alivio a los reclusos y abrió escuelas y colegios. El mismo definió el metodismo como la religión del amor, al mismo tiempo, expreso que la única religión verdadera era la que era llevada de una manera social.
Su experiencia misionera en Georgia lo llevó a exclamar, frustrado ante las prácticas colonialistas, “Sería de desear que sólo los infieles practicaran tan tremendas y palpables obras del demonio. Pero no nos atrevemos a decir eso. ¡Cuán cerca les han seguido los cristianos en crueldad y sanguinariedad! Y no sólo los españoles y portugueses, masacrando a miles en América del Sur, no sólo los holandeses en las Indias Orientales, o los franceses en América del Norte, siguiendo a los españoles paso a paso; nuestros propios conciudadanos se han manchado en sangre inhumanamente y han exterminado naciones enteras, probando de esa manera sencillamente qué espíritu ambula y obra en los hijos de desobediencia.”
En cuanto al uso del dinero, predicó “No vamos a culpar al oro o al bronce de la corrupción del mundo. La falta no está en el dinero mismo, sino en los que lo usan. Pueden ser mal usados, pero ¿qué es lo que no está en peligro de ser mal usado? De la misma manera puede ser bien usado y puede aplicarse para los mejores fines”. A esto sumo la enseñanza, de ganar todo lo que se pueda, ahorrar todo lo que se pueda y dar todo lo que se pueda, como norma de vida cristiana.
La historia del Metodismo ratifica esta posición de seguir a Cristo en la tarea de armonizar toda la vida con sus actividades, posesiones y relaciones con la voluntad de Dios. Es aquí que el Metodismo se ha caracterizado por combatir los vicios sociales, tales como el narcotráfico, el alcoholismo, la prostitución, el tabaquismo. En lo social, la preocupación por la niñez abandonada ha sido permanente.
En el campo laboral, los metodistas estuvieron comprometidos en la formación del primer sindicato británico, en la reglamentación del trabajo de la mujer y en la elaboración del trabajo infantil. En estas luchas, hubo metodistas dispuestos a pagar con sacrificio las conquistas de los trabajadores. Así es como hubo metodistas entre las víctimas de Toldpuddle (Inglaterra) y de Chicago (Estados Unidos de América) cuyo propósito era obtener mejores condiciones de trabajo. Un Obispo Metodista, el Rev. Mac Connell, estuvo comprometido personalmente en la huelga de los trabajadores acereros norteamericanos en 1909.

La llegada del Metodismo a Chile, en 1878, introdujo una forma de cristianismo de tipo integral, de Evangelización, Enseñanza, Servicio y Comunión. En diversos periodos de la historia patria, este Evangelio que se encarna ha manifestado presencia y compromiso en la mayor participación ciudadana en las decisiones del gobierno, en ampliar las alternativas del sistema educacional. En promover la organización sindical y campesina, en la defensa y desarrollo de grupos aborígenes. Permanentemente, los y las metodistas han mantenido programas de salud y alimentación en beneficios de los más desprotegidos.
En el juicio de esta misión universal, el Metodismo Chileno está vinculado a la Iglesia Metodista Mundial y, por medio del Concejo Mundial de Iglesias, a todos los esfuerzos ecuménicos por la Paz, la Justicia, y la promoción de la vida.

BASES BÍBLICAS Y TEOLÓGICAS

CREEMOS que Dios es el Dios de la vida. Él ha creado todo lo que existe, es soberano y Señor, sobrepasa toda la creación; él sostiene la vida y es Señor de la historia. (Juan 1:1-15)
CREEMOS que la historia y en la sociedad que son el escenario donde se desarrolla la acción de Dios.
CREEMOS que Dios es el juez, ante quien están sujetas todas las obras del ser humano. (Deuteronomio. 30:15-20)
CREEMOS que Dios ha creado el universo, el cielo y la tierra, para que los seres humanos vivan en plenitud. (Génesis 1:1-31)
CREEMOS que Dios ha creado el mundo bueno, donde ha puesto al ser humano como mayordomo de todos los recursos y riquezas que en él hay. (Salmo 8)
CREEMOS que Dios creó a la persona humana a su imagen y semejanza, dotándola de dones y capacidades para una vida plena. Esta realidad ha sido limitada por la aparición del pecado. (Génesis 3:9-13)
CREEMOS que la creación de Dios es para todos los seres creados y que todo lo ha provisto de abundancia para disfrutar de la Creación. (Salmo 104)
CREEMOS que Dios creó a la humanidad para establecer una relación de amor, libertad y respeto mutuo. Creemos que cada persona tiene un valor supremo ante Dios. (I Juan 4:7-11)
CREEMOS que Dios está presente en el mundo, recreando humanidad, en medida que la asume, para alcanzar la plenitud de vida que él ofrece en Jesucristo. (Juan 10:10)
CREEMOS que el pecado es toda condición humana que rompe la armonía de Dios con la creación entre los seres humanos. (Romanos 3:9-23)
CREEMOS que el pecado es una realidad que involucra al individuo y toda la sociedad. (Romanos 1:18)
CONFESAMOS no haber hecho todo lo posible por abolir la cultura de la muerte que nos rodea.
CONFESAMOS nuestra indecisión frente a la apatía que se manifiesta ante las injusticias que contradicen la voluntad de Dios. (Mateo 25:35-37)
CONFESAMOS nuestra culpa ante la marginación de tantas personas, el odio, el abuso de poder, la violación y el atropello de la dignidad humana. (Isaías 1:11-17)
CONFESAMOS no ser buenos mayordomos de la creación, ya que, el creciente daño ecológico que está destruyendo la naturaleza creada, es nuestra responsabilidad como seres conscientes de la voluntad del Creador. (Romanos 8:20-22)
AFIRMAMOS que, puesto que Jesús optó por la redención humana, es nuestro deber vivir para ayudar a librarla de la esclavitud del pecado y de toda influencia que pueda dañar la integridad humana. (Lucas 4:16-21)
AFIRMAMOS que la Iglesia es de Cristo y ha sido llamada a proclamar con su palabra y su vida las bases del Reino de Dios. (Efesios 4:1-6)
ASUMIMOS, por lo tanto, como Iglesia de Jesucristo, el compromiso permanente de ayudar a salvar lo humano de todo aquello que atente contra la vida. (Mateo 28:16-20)
CREEMOS, CONFESAMOS y DAMOS TESTIMONIO vivo que el Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo, quien nos fortalece y guía en el accionar como iglesia en el mundo y nos acompaña en el cumplimiento de la Misión. (Juan 16:7-11)

CAPITULO I
PRINCIPIOS SOCIALES DEL METODISMO

Fieles a nuestra herencia histórica, fundamentados en la Palabra de Dios, declaramos los siguientes principios como las orientaciones de la Iglesia Metodista de Chile para la Acción Social de todas y todos los Creyentes:

Artículo I
MUNDO NATURAL: La naturaleza es Creación de Dios, y nosotros, somos mayordomos de ella, para beneficio de todos y todas.

Articulo II
EDUCACIÓN Y CULTURA: Todos los seres humanos tenemos derecho a la educación y a vivir de acuerdo a su cultura. Somos una sociedad pluricultural. Por lo tanto, la Iglesia Metodista generará alternativas que reconozcan el derecho a participar activamente de todos los agentes educativos (padres, madres, maestros/as, alumnos/as) y promoverá el derecho y respeto a la herencia de los pueblos originarios.
En torno a esto, la iglesia metodista declaro en Octubre del 2011, “ante los clamores que los clamores que existen por un cambio de fondo de la educación chilena, nuestra iglesia se manifiesta a favor de toda decisión de carácter político que signifique superar las actuales condiciones del sistema educativo. Creemos que el país tiene todos los recursos humanos y financieros para avanzar en estos cambios estructurales. Las riquezas, tanto naturales como mercantiles que produce nuestro país, son una base suficiente para sustentar estos cambios. Vemos con preocupación la acumulación de riquezas y los beneficios económicos de unos pocos, mientras que para otros muchos aumenta día a día el endeudamiento y los tormentos que esto acarrea. Esto constituye un pecado estructural con todas las consecuencias nefastas que ello está trayendo y creemos que una economía con rostro más humano y social es urgente implementarla, para así superar las distancias que nos separan como chilenos”

Artículo III
DERECHOS HUMANOS Y DEFENSA DE LA VIDA: Toda persona tiene derecho a gozar de los recursos y oportunidades que se dan en el país, y junto a ello tiene el deber de colaborar y cuidar de su preservación y desarrollo. De allí que la Iglesia está comprometida por una cultura de la vida en la defensa y promoción de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos, culturales y ambientales de la población.

Artículo IV
EL TRABAJO CREADOR DE LAS PERSONAS: Toda persona es llamada por Dios, a participar responsablemente en la producción de los medios necesarios para crear condiciones de vida digna para todos y todas. Por lo tanto, el trabajo es un derecho de todos y todas, no debe ser considerado como mercancía, sino como aporte creativo para el bien común.

Artículo V
CIENCIA Y TECNOLOGÍA: La ciencia y la tecnología son recursos puestos al servicio de las personas y no a la inversa. Por lo tanto, la Iglesia Metodista proveerá las orientaciones éticas y morales para el uso y la investigación científica y/o tecnológica.

Artículo VI
LA PERSONA Y LA COMUNIDAD POLÍTICA: Toda persona es corresponsable por la administración del Estado. Los cristianos y cristianas deben participar responsablemente tanto en las elecciones como en el seguimiento y fiscalización de las personas electas, su trabajo y sus tareas de índole política.

Artículo VII
LA FAMILIA Y LA COMUNIDAD SOCIAL: La familia es el fundamento de la sociedad humana. Por lo tanto, la Iglesia Metodista reconoce la responsabilidad primaria de la familia en la comunidad social. En consecuencia, promueve y defiende los derechos de todas las personas, como creaturas de Dios, y de las generaciones por venir de formar y desarrollarse en este núcleo social.

Artículo VIII
LA IGLESIA ANTE LA LEY Y LA JUSTICIA: En principio es deber de todo creyente respetar el ordenamiento jurídico vigente del lugar donde se encuentre. No obstante debe tener presente que es necesario obedecer a Dios antes que a las personas. Los metodistas velaran para que todo ordenamiento jurídico temporal propenda, como fin último, la justicia según los principios del Reino de Dios.

Artículo IX
LA IGLESIA Y EL ORDEN ECONÓMICO MUNDIAL: Las bases del intercambio internacional y las relaciones entre los países deben fundarse en el respeto, la justicia y la equidad. Un sistema económico moderno debe estar centrado en los derechos humanos, evitando el sacrificio de las personas para salvaguardar el modelo económico imperante y debe evitar el grave problema de la desigualdad social.

Articulo X
LA IGLESIA Y LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA NACIONAL: El sistema económico nacional debe propender a una justa y efectiva distribución de la riqueza, evitando la concentración del recurso económico en sectores minoritarios privilegiados; el abuso y despojo de los recursos naturales. Además, imperativamente, el sistema económico debe otorgar oportunidades para todos, a fin de lograr la verdadera Justicia Social.
Por lo tanto, la Iglesia Metodista proveerá las orientaciones necesarias para que las y los creyentes, y todas las personas, participen activamente en el logro de una verdadera justicia social. Tomando como principio la realización plena del Reino de Dios, como el reino de las igualdades.

Artículo XI
PAZ Y ARMAMENTISMO: El armamentismo y el militarismo atentan contra la paz. Por lo tanto, la Iglesia Metodista debe asumir la tarea de defender la paz, desmilitarizando los espíritus y educando en la no-violencia.

Articulo XII
LA DISCRIMINACIÓN: Afirmamos que toda forma de discriminación arbitraria contra las personas, tales como la raza o etnia, la nacionalidad, la situación socioeconómica, el idioma, la ideología u opinión política, la religión o creencia, la sindicación o participación en organizaciones gremiales o la falta de ellas, el sexo, la condición sexual, la identidad de género, el estado civil, la edad, la filiación, la apariencia personal y la enfermedad o discapacidad, son un pecado contra Dios y la humanidad, por cuanto son una negación a la plenitud de la vida; es contrario a la Justicia y al Amor de Dios revelados en Jesucristo; destruye la dignidad humana del victimario y la de la víctima. La evangelización de la Iglesia Metodista reafirma que estas conductas están en contradicción con el evangelio de Jesús, acoge la naturaleza múltiple de la sociedad chilena y afirma su compromiso incondicional con ella.
Referente a esta problemática la iglesia declaro en Junio del 2012: “La iglesia metodista no es neutral ni ambigua ante ninguna discriminación arbitraria donde se violente a las personas por tener características o condiciones que les hagan diferentes. Estamos al lado de las victimas siempre…. No existe argumento de fe, ni científico, que justifique ante los ojos del Señor hacer valer diferencias en la convivencia humana, para decir quién es mejor o peor, y discriminar por alguna razón”

Artículo XIII
LA IGLESIA Y LOS DESPLAZAMIENTO HUMANOS: Desde los inicio de la humanidad existen los desplazamientos de personas de un lugar a otro por razones culturales, catástrofes, hambrunas, guerras. En los tiempos actuales los deslazamientos se mantienen y sus características reflejan la pobreza, sufrimiento, muerte, discriminación, esclavitud y egoísmo de nuestra humanidad. Como Iglesia Metodista asumimos el compromiso de sensibilizar a la sociedad, acompañar y orientar a quienes viven hoy voluntaria o forzadamente el desarraigo de su tierra y familia.

Artículo XIV
LAS RELACIONES DE GÉNERO EN LA IGLESIA: Tradicionalmente nuestra iglesia se asignan cargos o roles importantes a varones, relegando a las mujeres a tareas simples, incluso en aquellas donde las mujeres son mayoría. Esta actitud contradice abiertamente con el actuar de nuestro Señor Jesucristo, los evangelios y las cartas paulinas reflejan comunidades inclusivas y no patriarcales. La iglesia metodista asignará roles y funciones a sus miembros de acuerdo a su vocaciones independientemente de su género, procurando que esta distribución sea equitativa siempre y en todo el quehacer de la Iglesia Metodista.

CAPITULO II
NUESTRO CONTEXTO HISTÓRICO

INCORPORACIÓN DE AMÉRICA LATINA AL MUNDO OCCIDENTAL:

La historia del pueblo latinoamericano, desde sus primeros contactos con el mundo occidental, presenta una aguda realidad de dominación y opresión. Esta situación la podemos ver a través de tres etapas que, a continuación, reseñamos:

Primera Etapa: La expansión colonialista europea, a partir del siglo XV, estuvo marcada por motivaciones económicas y legitimadas por “altos intereses religiosos”, que intentaban extender sus dominios y su visión del mundo, con un marcado y profundo etnocentrismo: su cultura como la única y válida. Este proceso generó la desestructuración de las diferentes culturas que habitaban el continente, las que fueron brutalmente arrancadas de sus organizaciones comunitarias. La “conquista” significó, para los indígenas, la usurpación de sus tierras, la imposición de un sistema de trabajo de carácter feudal y de la religión cristiana. En resumen, este choque cultural produjo un fuerte etnocidio y genocidio: la muerte cultural y física de un pueblo por otro. Durante la colonia la economía se desarrolló en función de los intereses de Europa, provocando así una mayor dependencia de España. En lo social se fue creando una casta criolla aristocrática que, poco a poco, se distanció de la metrópolis europea. En tanto, los pueblos indígenas, que constituían el grueso de la mano de obra en las actividades productivas, se fueron transformando y occidentalizando a causa del mestizaje.

Segunda Etapa: Nuestros países latinoamericanos fueron anexados al imperio británico. En el siglo XIX, esta potencia capitalista no solo extendió sus negocios en las nuevas repúblicas de América, sino también en Asia y África. Las necesidades de materias primas de Gran Bretaña, le hacen buscar nuevos mercados en nuestros países, encontrando facilidades en grupos dirigentes, que no dudaron en entregar la explotación de las riquezas naturales al capital extranjero. Esta forma de economía llenó a nuestros países de compañías británicas, que monopolizaron todo tipo de negocios; aumentaron las distancias entre nuestros países y el mundo industrializado; impusieron la importación de productos manufacturados, con lo que nuestros países adquirieron enormes deudas, por préstamos altísimos intereses. En suma, nuestras economías dependían fuertemente del capital británico.

Tercera Etapa: La dependencia de nuestros países pasa a manos de los Estados Unidos, potencia que a principios del siglo XX, disputaba los mercados a Gran Bretaña. Y demás potencias industrializadas imponiendo su monopolio en Latinoamérica, luego de la primera Gran Guerra. Los intereses geopolíticos y estratégicos de Estados Unidos en centro y Sudamérica, además de los económicos, acrecentaron su hegemonía en nuestro continente moreno. Esta denominación se dará por medios sutiles que también se manifestarán en el ámbito cultural. Luego de la Segunda Gran Guerra, y con la favorable situación en que queda la nación del norte, está ejerce mecanismos de dominación más directos e impone políticas específicas para “su área de influencia”, características de franca intervención

PUEBLOS INDÍGENAS:

La situación de los pueblos indígenas fue y es marginal. Las diferentes culturas, que habitaban en el territorio americano, fueron sometidas y dominadas desde la llegada del español. Desde esos primeros momentos, los mapuches desataron una guerra de resistencia en defensa de su tierra. Esta guerra se prolongó en el tiempo y adquirió diferentes formas en su desarrollo.
Luego de la organización del Estado chileno, se inició un proceso de expansión territorial hacia la Araucanía, territorio que el pueblo mapuche había logrado defender. Este proceso es conocido como “Pacificación de la Araucanía”, y fue una verdadera ocupación militar, con la cual el Estado anexó esa región al territorio nacional. La colonización fue entregada a contingentes europeos, lo que produjo una injusta repartición de tierras, en calidad y cantidad, que perjudicó enormemente al pueblo mapuche.
La discriminación y segregación hacia ese pueblo originario se ha manifestado, históricamente, en legislaciones arbitrarias y abusos cometidos por parte de la autoridad política y judicial. Los diferentes intentos de la sociedad mayoritaria por legislar acerca del pueblo indígena, dio curso a un permanente esfuerzo por asimilar al mapuche a la sociedad chilena, sin reconocer las diferencias culturales y sin tomar en cuenta su opinión. Esto ha generado deformación de la realidad histórica y paternalismo.
Actualmente, las diferentes organizaciones indígenas intentan hacer valer su propia lectura de la realidad, en busca del reconocimiento de sus características como pueblo y grupos étnicos, intentando regir su propio destino.

FASES DE LA CONFORMACIÓN DEL ESTADO:

a) Luego del proceso de independencia y de ruptura política con España, Chile logra afianzar un aparato estatal enraizado en la estructura colonial, dirigido exclusivamente por la clase de terrateniente y oligárquica. En este proceso no hubo cambios significativos en la estructura económica.
b) El desarrollo del Estado, en la primera mitad del siglo XIX, será conducido por la clase dirigente, que por intermedio de los partidos políticos que nos representaba ensayaron en la República diferentes fórmulas, confrontando a Conservadores y Liberales, consiguiendo los primeros hacer prevalecer sus intereses que se materializaron en la Carta Fundamental de 1833. Es claro que en esta fase los grupos mayoritarios que componían el país, el mestizaje y sus distintos estratos sociales, vivían el más completo desamparo, miseria y analfabetismo.
c) En la segunda mitad del siglo XIX, se aprecia una serie de cambios en la estructura económica, desarrollándose nuevos grupos sociales que paulatinamente irán suplantando al régimen aristocrático imperante.
d) En lo económico, la minería va a ocupar un lugar central, generando nuevos actores sociales, tanto propietarios como trabajadores, que se integran fundamentalmente a la producción del salitre, cobre y carbón. La economía implantada en el país trajo como consecuencia la paulatina dependencia principalmente de Inglaterra, penetrando así, con gran fuerza, el imperialismo a Chile.
e) La llamada Guerra del Pacífico, tuvo sus causas en los intereses económicos que los tres estados involucrados tenían en el rico territorio salitrero. El enorme gasto humano y material que significó esta guerra, fue aprovechado por los intereses económicos británicos, que, sin más, se apropiaron de la explotación y de los beneficios del salitre.
f) La pugna entre quienes sostenían el impulso de una política proteccionista sobre la riqueza natural y los que proponían la entrega de ésta al capital extranjero, se expresó en la revolución de 1891, en la que se impusieron los intereses económicos y políticos de los sectores conservadores.
g) La clase trabajadora (principalmente en la zona salitrera y además centros mineros, así como en las ciudades –producto de la migración campo/ciudad- y el campesinado) evidenciaba pésimas condiciones de la vida lo que dio origen a precaria formas de resistencia. Estos movimientos fueron sistemáticamente reprimidos por un Estado que velaba sólo por el interés de los grupos privilegiados. Como ejemplo claro de esta dolorosa realidad, podemos citar la matanza obrera en la Escuela Santa María de Iquique, en 1907.
h) Durante las primeras décadas del siglo XX, se opera un cambio veloz en la economía, producto de la creciente industria liviana. En lo social y político los emergentes sectores medios exigirán una mayor participación en el Estado, provocando una crisis política, dicha crisis ponía término al régimen parlamentario, dando curso a un régimen presidencial (Constitución de 1925).
i) A partir de la tercera década del siglo XX, nuestra dependencia económica, como país, queda bajo el dominio de Estados Unidos.
j) En esa misma época, la gran depresión que vivió el capitalismo estadounidense afectó profundamente a nuestro país, provocando miseria, hambre y grandes migraciones del campo hacia las ciudades.
k) Los años 40 dan paso a la consolidación de un Estado de características más democráticas, que dio prioridad a una serie de reivindicaciones y derechos que el país demanda. En lo económico es significativa la creación de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), potenciando así un mayor desarrollo de la industria nacional. Este nuevo modelo de Estado garantizó la participación social y política de los diferentes sectores de la sociedad chilena, enfrentando sus intereses y proyectos, alternando el poder político, y con el ascenso paulatino de los sectores populares que, en base a realizar algunos ensayos de unidad política y social, conquistaron el Gobierno a partir de la década del 60.Algunos de los hechos más notables, que se llevaron a cabo durante estos gobiernos, fueron la progresiva nacionalización del cobre, la Reforma Agraria, la Reforma Estudiantil y la Reforma Urbana, entre otras iniciativas. Además, se desarrollaron diversos cambios sociales y políticos bastantes significativos para el país.

SITUACIÓN DEL PAÍS A SEPTIEMBRE DE 1973

“Cabe describir el estado del país a esa fecha como de aguda crisis en la vida nacional; representa la destrucción o debilitamiento de un gran número de puntos de consenso entre los chilenos relativos a instituciones, tradiciones, supuestos de convivencia social y política, y otros, que son , a la vez, salvaguardia del respeto a los derechos humanos… el origen último de la crisis debe ubicarse a lo largo del siglo y dentro del régimen republicano, entre los distintos diferentes intereses sociales”. “Tal situación y sus consecuencias pusieron objetivamente en riesgo los derechos humanos e hicieron probables sus transgresiones, pero en ningún caso las justificaron.” (Informe de Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación).
El Régimen Cívico – Militar que vivió Chile a partir de 1973, no se puede analizar solo en forma interna, sino como parte del proceso dictatorial que vivieron los países latinoamericanos, en general, y que formaron parte de las estrategias que el gobierno de los Estados Unidos apoyó dentro de “su zona de influencias”.
El modelo de economía social de mercado, que acompañó a la institucionalidad impuesta por el régimen militar chileno, permitió un notable desarrollo de las empresas privadas, fueran éstas de capital nacional y/o transnacional e impuso la disminución del rol del Estado en el terreno económico.
El Estado chileno, que había impulsado y desarrollado históricamente diversas políticas sociales: Educación, Salud, Vivienda, Transportes, Comunicaciones, así como la explotación de recursos estratégicos o no recuperables, pasó de sujeto de la iniciativa a subsidiario. La iniciativa quedó bajo dominio del sector privado. Una de la consecuencia más notable de esta política económica, se hizo notar en la coexistencia simultánea de dos Chiles diferentes.
Un Chile denominado como revolución silenciosa, que estuvo a un paso de convertirse en un país plenamente desarrollado, debido al extraordinario crecimiento de su producción y exportación. Otro Chile, conocido como “empobrecido”: con altos niveles de cesantía real o disfrazada, notorio empobrecimiento en las remuneraciones de la gran mayoría de los trabajadores, y una impagable deuda externa aumentada en un 576% a partir del cambio de gobierno.
Otra característica fue la sistemática violación a los Derechos Humanos, que, con la implementación de aparatos de seguridad del Estado, tuvieron una connotación de marcada gravedad, que incluso alcanzó dimensiones internacionales con la sanción hecha por la ONU al régimen militar.
La institucionalidad que se propuso al país con la constitución de 1980, de marcado autoritarismo, tiene su inspiración en la Doctrina de Seguridad Nacional, en lo político, y en las fuentes del neoliberalismo, en lo económico.
A partir de Marzo de 1990, con la asunción al Gobierno de una coalición de partidos de centro izquierda, se abrieron nuevos y mayores espacios para la participación, pero, sobre todo, significó dar inicio a las siguientes tareas:
“Esclarecer la verdad y hacer justicia en materia de Derecho Humanos, como exigencia moral ineludible para la reconciliación nacional; democratizar las instituciones; promover la justicia social, corrigiendo las graves desigualdades e insuficiencias que afligen a grandes sectores chilenos; impulsar el crecimiento económico, el desarrollo y la modernización del país, y reinsertar a Chile en el lugar que históricamente se había ganado en la comunidad internacional.”(Mensaje del Presidente Patricio Aylwin al Congreso Nacional, 21 de Mayo de 1990)

SITUACIÓN DEL PAÍS A MAYO DEL 2013.

“Sin duda nos ha tocado gobernar en tiempos muy difíciles. Cuando asumimos la economía estaba perdiendo su capacidad de crecer, crear empleos e incrementar los salarios. La pobreza y las desigualdades estaban aumentando. La calidad de la educación permanecía estancada. La inversión y la productividad estaban cayendo y nos estábamos alejando de los necesarios equilibrios macroeconómicos.
Además, estamos inmersos en un mundo en crisis, que comenzó a fines de 2008 y aún no termina. Esta crisis tiene a Europa sumida en una profunda recesión y altas tasas de desempleo, a Estados Unidos con una recuperación débil y errática, a los gigantes asiáticos perdiendo fuerza y a países como Argentina y Brasil con una severa desaceleración.
Adicionalmente, la tragedia del 27/F no sólo significó pérdidas de muchas vidas, sino que también una devastadora destrucción de nuestra infraestructura y patrimonio. Como Presidente de la República, me siento muy orgulloso de haber liderado un Gobierno y haber visto a un país entero mostrar tanta fortaleza ante la adversidad, compasión ante el sufrimiento y voluntad ante el desafío, como lo demostró durante y después de esa tragedia.
Y la mejor prueba de ello es que, al día de hoy, en promedio más del 90% de las escuelas, hospitales, viviendas, puertos, aeropuertos, embalses, carreteras y puentes, que el terremoto y maremoto dañaron o destruyeron, están reparados o reconstruidos y en pleno funcionamiento. Y antes de que termine este Gobierno habremos alcanzado el gran logro de reconstruir, y mejor, nuestro país.
En materia de vivienda, los 222 mil subsidios comprometidos ya están otorgados. 155 mil soluciones habitacionales están terminadas y entregadas y 57 mil están en plena construcción. Esto significa que 212 mil soluciones habitacionales, es decir, el 96% del total, están terminadas y habitadas o en plena construcción. Aún nos falta un 4%. Y detrás de ese 4%, hay 10 mil familias chilenas esperando una oportunidad para rehacer sus vidas. Y por ellas seguiremos trabajando hasta reconstruir las 222 mil viviendas comprometidas.
Hace tres años les pedí guardar un minuto de silencio por las víctimas del terremoto. Hoy quiero pedirles otro minuto para que apreciemos lo que los chilenos unidos podemos lograr.
En un país tan expuesto a catástrofes naturales nadie puede garantizar que la adversidad no volverá a golpearnos. Pero si debemos asegurar que, cuando ello ocurra, estaremos mejor preparados. Por eso estamos creando una nueva Agencia Nacional de Emergencia y Protección Civil, que remplazará a la actual ONEMI, con la participación de nuestras Fuerzas Armadas, Carabineros y Bomberos” Mensaje presidencial Sebastián Piñera E. 21 de Mayo del 2013

EL CRISTIANISMO Y EL ORDEN POLÍTICO ECONÓMICO:

El modo de vida democrático, gobernado por principios cristianos, puede traer a la humanidad una sociedad en la cual sea preservada la libertad, establecida la justicia y alcanzada la igualdad de derechos participando en la actividad política.
El punto de vista cristiano exige que la concentración de poder en el Gobierno, en el trabajo, en los negocios y en las organizaciones religiosas y sociales, deba ser usada responsablemente. A este respecto, la tarea de la Iglesia es ayudar a las personas que ocupan posiciones de autoridad, así como a las organizaciones a las cuales sirven y representan, para que ejerzan un alto nivel de responsabilidad social y política.
Vivimos en un país que enfrenta una gran necesidad de cambios trascendentales en su historia. Cambios que, creemos, no están al margen ni divorciados de la acción de Dios. Esta es una tarea que demanda una respuesta clara y precisa de sus hijos e hijas. Una respuesta que no podemos soslayar ni evadir.
El ciudadano cristiano debe aceptar las oportunidades de servicio público, como parte integral de su testimonio cristiano. La Iglesia y sus miembros deben comprometerse responsablemente en el proceso político, que emana de la tentativa de resolver los problemas de la sociedad, en un momento dado.
La iglesia como sierva de Dios, debe ser categórica en su repudio, tanto en su propia vida con en la sociedad de todo aquello que bloquee o niegue la conquista y ejercicio de la igualdad de derechos civiles para todos. La iglesia debe buscar activamente ante la ley, la proyección y extensión de todos estos derechos. El derecho de disentir públicamente, por razones de conciencia es un integrante esencial del procesos.

CAPITULO III
DECLARACIÓN DE LA IGLESIA METODISTA SOBRE ASUNTOS CONTINGENTES

ARTICULO I
LA PROMOCIÓN HUMANA:

A) Los Niños y Niñas: La Iglesia Metodista cree en los “Derechos de los Niños” y vela por su cumplimiento y promoción, independiente de la labor estatal.
La Iglesia colabora con el Estado cuando éste no cuenta con los recursos suficientes para atender las necesidades de la población infantil.
La Iglesia debe velar por la participación del niño en la sociedad, según sus capacidades y desarrollo.
La Iglesia debe denunciar todo tipo de explotación infantil, autoritarismo de los padres o maltrato, falta de espacios recreativos. Creemos que se debe acabar con los temas tabúes y educar desde pequeños a los niños y niñas para una correcta sexualidad.

B) La Juventud: La Iglesia Metodista debe promover la plena realización de la juventud, por eso, fomentara la existencia de un sistema educacional que entregue las herramientas mínimas para el desarrollo humano. El joven que trabaja debe tener acceso a previsión social, cosa que no sucede con algunos menores de 18 años.
La Iglesia genera y fortalece espacios de recreación, asociación y promoción de una Juventud saludable, consciente y en constante búsqueda de la Justicia Social.
La Iglesia debe colaborar para que surja un sistema de educación superior gratuito, más participativo y equitativo, que no discrimine socialmente, ni acreciente las diferencias sociales.

C) Condición de la Mujer: El hecho de que las mujeres hablen de la condición actual de la mujer en una sociedad como la nuestra, representa dos cosas: un gran compromiso y la oportunidad de plantear algunas reflexiones en torno al sexo femenino y su aporte al mejoramiento y transformación de la realidad social.
El tema de la mujer ha sido tópico a abordar en todos los tiempos; hablar de la mujer es hacer referencia al sexo femenino, con quienes compartimos condiciones históricas similares aunque no en la misma situación de vida.
Por lo tanto, si en la Iglesia Metodista es donde se proclama la justicia ésta debe:
• Apoyar la eliminación y prevención de todas las formas de violencia contra la mujer y de los niños y niñas.
• Sostener el reparto equitativo de las responsabilidades entre mujeres y hombres, incluidos los cuidados prestados en el contexto del VIH/SIDA
• Apoyar el empoderamiento de las mujeres rurales y su rol en la erradicación de la pobreza y el hambre, el desarrollo y los desafíos actuales.
• Gestar la financiación en favor de la equidad de género y el empoderamiento de la mujer en todos los ámbitos posibles
• Promover la participación de las mujeres y los hombres jóvenes, y las niñas y los niños, en pro de la igualdad entre los géneros
• Propiciar, a partir de la iglesia misma, el derecho a tomar posiciones de liderazgo en los diferentes ámbitos de nuestro quehacer.
• Asegurar a todas las mujeres la posibilidad de vivir plenamente la calidad humana, que si bien es cierto, depende de la decisión política de los gobiernos, también tiene su punto de partida en la convicción de hombres y mujeres que consideren como un principio ético que todos los seres humanos deben tener el mismo derecho a la libertad, al desarrollo de sus capacidades y potencialidades, a una vida digna, a la paz y a la justicia.

D) Condición del Hombre/Varón: La iglesia Metodista debe denunciar y combatir las obligaciones que se les han adjudicado a los varones producto de una sociedad patriarcal y androcéntrica. Particularmente se espera no incentivar conducta tales como: Competitividad, Exclusividad hacia lo público, negación de lo privado, Supresión e inhibición emocional, Homofobia (sensibilidad heterosexual del cuerpo y distanciamiento físico/emocional entre hombres), Exposición al riesgo, Falta de cuidado personal y Carencia en la expresión de emociones y sentimientos.
Estas características no son innatas y naturales, sino que son una construcción humana, y comparten la condición de universal, ya que independientemente del país del que hablemos, (y aunque sea en diferentes grados e implicaciones), son valores compartidos por todos los hombres por su mera condición de hombre. Pero esto resulta a la vez una oportunidad, ya que en la medida en que son universales estos rasgos de la masculinidad son también modificables y transformables.
Estas características universales que conforman y mantienen el modelo de masculinidad hegemónica, imponen a los hombres una forma estereotipada de ser y estar en el mundo, fruto del sistema sexo-género y de la socialización sexista, y producen no solamente discriminación y opresión a las mujeres, sino también problemas de género en los hombres. Algunos de los cuales serían:
• La sobre mortalidad masculina y la menor esperanza de vida.
• La tendencia a la siniestralidad (vial, laboral, etc) de hombres comparada con las mujeres.
• La comisión de delitos, en especial con componentes asociados a la violencia y la agresión sexual.
• Las toxicomanías y dependencias de sustancias adictivas.
• El suicidio; y
• El fracaso escolar, entre otras situaciones.
Todos estos problemas tienen una raíz común de género, hasta ahora obviada. De la forma en que los hombres se construyen sobre la base de las características asociadas a la masculinidad. Estos componentes de la masculinidad hegemónica limitan las posibilidades de crecimiento personal, las potencialidades de los hombres como seres humanos, y su capacidad para desarrollarse plenamente. Y además, les mantienen en ese posicionamiento de privilegio, que perpetúa el sistema hétero – patriarcal de subordinación de las mujeres. Por ello, es necesaria una nueva mirada a lo que significa y puede suponer el “ser hombre/varón”.
E) Las Personas con Capacidades Distintas: Creemos que a las personas con capacidades distintas se les debe considerar como persona, con todos los derechos y, por tanto, se debe denunciar toda segregación en su contra, ya sea de tipo laboral, de insuficiencia de la infraestructura para facilitar su desplazamiento.
La Iglesia Metodista cooperará en la creación de una conciencia pública habilitante para estas personas, promoviendo leyes especiales de protección y obtención de equipos y prótesis a bajo costo

F) La Tercera Edad: La Iglesia Metodista promociona en primer lugar la existencia de un sistema previsional justo donde las personas puedan disfrutar de esta etapa de la vida de forma digna. Además promueve el reconocimiento de los derechos especiales, a los que se hacen acreedores aquellas personas que han terminado su vida activa en lo laboral, tales como:
• Acceso gratuito a la salud.
• Acceso a una pensión justa y digna.
• Derechos gratuitos a la recreación.
• Facilidades especiales en todo transporte público.
Como comunidad de creyentes, la Iglesia velará para que existan programas para acoger y acompañar pastoralmente a las personas de la Tercera Edad, en cada iglesia local.

G) Sexualidad Humana: En la Iglesia Metodista la sexualidad humana es reconocida como un don de Dios para que las personas puedan ser plenamente realizadas.
La sistemática explotación del sexo, por los medios de propaganda y otros, de información masiva, constituye un elemento destructivo y peligroso en nuestra cultura.
Creemos que el sexo responsable, junto con otros atributos humanos, participa del carácter sagrado de la vida misma y debería ser tratado y presentado como tal dentro de nuestra cultura. La Iglesia Metodista debe esforzarse en desarrollar un buen programa de educación sexual, en todos los niveles de la vida humana.
En cuanto a la identidad sexual, la identidad de género y la condición sexual, la iglesia reconoce que éste es un tiempo en que las posturas tradicionales están siendo reevaluadas. Todas las personas son seres de valor sagrado, creadas a imagen y semejanza del Creador, quienes necesitan del ministerio y orientación de la Iglesia, en la labor por alcanzar su propia realización humana.

H) Política Educacional de la Iglesia Metodista: La Iglesia Metodista de Chile asume su ministerio docente como comunidad de fe y concreta en las cinco áreas siguientes:
1) El área de formación bíblica y teológica de los creyentes, capacitándolos para la misión evangelizadora integral, conscientemente asumida por la IMECH.
2) El área de las instituciones educacionales propiamente tal.
3) El área de las instituciones de Obra Social y aquellas instancias de formación cristiana y acompañamiento pastoral de las que dispone.
4) El área de acción de los miembros metodistas educadores, dispersos en el campo de la educación fuera de los establecimientos metodistas.
5) El área de influencia y de participación de los miembros metodistas en los campos de la educación y de la cultura en general.
Las siguientes cinco características, en las que están involucrados los fundamentos bíblicos y teológicos, conforman la Identidad de la educación formal metodista: 1) Logro de una experiencia personal del alumno/a con la persona de Jesucristo; esto es, promover las condiciones que permitan al alumno alcanzar tal madurez espiritual que haga suyos los principios que permitan al Maestro de Nazaret ser una persona de liberadora. 2) Promoción del conocimiento y uso de las Sagradas Escrituras tanto en la tarea escolar como en el hogar. 3) El respeto y la creación de vínculos que permitan acciones unidas de testimonio cristiano, con todas aquellas tradiciones no sectarias o excluyen. Esta es la base de un ecumenismo fuertemente inspirado en la tradición Wesleyana. 4) Estos propósitos religiosos o bíblicos son impartidos desde una perspectiva inteligente, es decir, se debe promover preferente una experiencia de fe racional e inteligible. 5) Cultivar la Responsabilidad que se desprende del Evangelio de Jesucristo en cada miembro de la unidad educativa con el fin de evangelizar las instituciones sociales que determinan la calidad de la vida en sociedad.
Como líneas transversales se deben considerar cinco ejes de desarrollo, como puntos de partida para la tarea educativa, esperando que esta sea un proceso:
• Desarrollo del Proceso Democratizador: Significa gozar de derechos y oportunidades que conducen al mejoramiento individual de todas las personas y de su comunidad, y el logro de formas de convivencia social en que estén presentes la libertad, la justicia el respeto a la vida.
• Desarrollo del Bienestar Emocional: La Educación Metodista velará por que el clima sea propicio para lograr el bienestar emocional del educando, en el sentido de valía personal, y de los recursos sicológicos necesarios para capacitar a la persona en cualquier actividad, y resolver sus problemas personales.
• Desarrollo de la Capacidad Intelectual: Siendo el objetivo de la educación el desarrollo de la, intelectual y que desarrolle una y disciplina de la mente, la Educación Metodista vigila para que no se confunda sólo con la adquisición de conocimientos, sino que se consideren habilidades tan necesarios, para actuar inteligentemente en lo que concierne a su propia felicidad y a la de los demás.
• Desarrollo de la Capacidad Ética: La Ética Cristiana consiste en el seguimiento de Jesús hacia el Reino de Dios. Esta tarea abarca todos los órdenes de vida. La formación ética del estudiantado Metodista busca capacitarlo para llevar a cabo un estilo de vida, con profundos valores cristianos.

ARTÍCULO II
FAMILIA:

En términos generales, las y los metodistas, entendemos la Familia como una comunidad humana básica mediante la cual las personas son nutridas y mantenidas en mutuo amor, respeto y fidelidad. Los padres juegan un rol importante a través del amor puesto en sus hijos. Reafirmamos la responsabilidad compartida en la crianza de los hijos, cuando exista padre y madre, y realizaremos todos los esfuerzos por promover sistemas religiosos, sociales y económicos que mantengan y fortalezcan las relaciones familiares con la finalidad que cada miembro sea asistido y se desarrolle en cada etapa de su vida.
Entendemos que la Familia comprende un rango amplio de opciones más allá del modelo tradicional de familia nuclear.

A) El Matrimonio: Para las y los metodistas el matrimonio es más que un contrato social puesto que Dios llama a la pareja humana a formar una célula básica de la sociedad, una unidad fundada en el amor recíproco, lo que hace del matrimonio una institución vital. El matrimonio debe ser contraído responsablemente. En la sociedad conyugal debe primar el amor expresado en igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades. La sociedad humana es perfectible como consecuencia de la calidad de vida que puedan lograr los hogares que la sustenta.
El carácter permanente del matrimonio expresado en los términos “para toda la vida” y “lo que Dios ha unido ningún hombre lo separe”, deben entenderse a la luz del llamado que hace Dios a la pareja humana, a ser co creadores y colaboradores en la construcción del Reino de Dios. Por lo tanto, es deseable que la unión conyugal perdure siempre, bajo las condiciones de vida que Jesucristo ha ofrecido para todos los que se hacen el propósito de llevar una vida digna según sus mandamientos.
La Iglesia Metodista debe dar especial atención a los matrimonios que se contraen en condiciones especiales, tales como, embarazo precoz, matrimonio por conveniencia económica, enlaces concertados por terceros (los padres), separados o divorciados.
Los metodistas reconocen la existencia de estas realidades y buscan colaborar en su solución. En primer lugar se busca proteger la integridad física, social y espiritual de cada uno de los involucrados; luego, se buscarán decisiones que representen los daños menores; se educará a las personas para que no se dejen llevar por prejuicios de tipo clasista, o cultural – moral que no valoren suficientemente la vida y la dignidad de las personas involucradas. Las iglesias, por lo tanto, insistirán en la debida educación o preparación de las personas para el matrimonio, evitando en lo posible que parejas inseguras contraigan compromisos indisolubles.

B) Divorcio: La Iglesia Metodista se compromete a estar presente en el acompañamiento pastoral necesario en las etapas pre marital, marital y post marital, a fin de poder crear y preservar matrimonios sólidos. No obstante cuando en una pareja las relaciones están dañadas mas allá de la reconciliación, luego de la debida consideración y del acompañamiento necesario, el divorcio es inevitable. El daño emocional, espiritual y económico de este proceso, para todos los involucrados debe ser considerado por la comunidad.
A pesar de que a través del divorcio el matrimonio deja de existir públicamente, las responsabilidades nacidas de ese proceso, como los hijos, deben ser resueltos a la luz del amor cristiano, determinando las mejores soluciones para los involucrados. El interés de los niños siempre deberá primar sobre las consideraciones personales de los padres.
Creemos que la Gracia de Dios está a disposición de todos y todas, y que Dios acompaña en el pleno desarrollo de sus vidas personales a quienes han pasado por la separación y el divorcio, teniendo la posibilidad de poder unirse nuevamente a otro u otra.

C) De las Uniones de Hecho: Para la Iglesia Metodista la convivencia de parejas no casadas es una realidad social y aun en nuestras iglesias. Frente a estas situaciones la Iglesia Metodista debe dar una orientación pastoral progresiva hasta alcanzar una formalización.

D) De las Personas Solteras: Como metodistas afirmamos la Integridad de las personas solteras, y rechazamos todo tipo de práctica social que los discrimine, o actitudes prejuiciadas en su contra por el hecho de ser solteros o solteras. Siendo esta una opción personal y privada, la iglesia respetará, acompañará, y acogerá al igual que las personas casadas quienes estén en este estado.

E) Padres o madres solteros: Reconocemos la gran responsabilidad que significa ser padre o madre soltera, por cuanto nos comprometemos al acompañamiento pastoral adecuado, abogando por una paternidad y maternidad responsable.

F) Planificación Familiar: Para la Iglesia Metodista la organización y tamaño de la Familia corresponde a sus componentes. Ninguna política estatal debe impedir el derecho de las personas de formar familia, o determinar la extensión de esta. Los hijos e hijas son de responsabilidad de sus padres y madres hasta que alcancen la suficiente madurez para atender satisfactoriamente sus necesidades y sean capaces de asumir decisiones para el bien personal y de los demás. Igualmente los padres, son responsabilidad de los hijos e hijas cuando no estuvieren en condiciones de valerse por sí mismo.

G) De los Anticonceptivos: La Iglesia Metodista promueve la paternidad responsable, pero deja a criterio de cada pareja la selección del método anticonceptivo que le sea más favorable.

H) De la Fertilización Asistida: En la Iglesia Metodista creemos que la Ciencia está al servicio de hombre, y que ante los casos en que su ayuda sea requerida, la decisión deberá ser tomada de forma consciente por los involucrados. Además este método es subsidiario ante la imposibilidad de engendrar de forma natural. En todo caso rechazamos que en este proceso se realice experimentación genética, a fin de asegurar un resultado particular.

I) Adopción: Para la Iglesia Metodista las niñas y los niños son una bendición de Dios que debemos recibir. Reconocemos que por diversos factores y circunstancias, existen corazones nobles que deciden adoptar. La Iglesia incentivará a quienes deseen adoptar, y al mismo tiempo se compromete a realizar el acompañamiento pastoral necesario ante este complejo proceso, tanto durante el proceso de la adopción como los procesos posteriores.

J) Aborto: Para la Iglesia Metodista el inicio y el término de la vida son los límites que Dios le da a la existencia Humana. Nuestra creencia en la santidad de la vida del no nacido, nos hace reacios a aprobar el Aborto. La iglesia está llamada a promover, a través de procesos educativos de la santidad, todas las formas de vida humana.
Creemos de igual forma en la santidad de la vida y el bienestar de la madre y del no nacido. Reconocemos los distintos conflictos que pudieran existir entre las vidas de ambos que puedan justificar una conducta abortiva. Independiente de las condiciones, cualquier decisión que involucre una conducta abortiva debe tomarse solo después de haber pensado y considerado en oración, por todas las partes involucradas, primando la decisión de la mujer, con la ayuda y el consejo familiar, medico y pastoral.
En aquellos casos es deber del Estado proveer las asistencia legal y medica para que estos procesos se lleven de la forma adecuada.
Rechazamos el Aborto como método de control de población o de selección de género de parte de políticas estatales o prácticas privadas.
Creemos que la labor del Iglesia Metodista no está en condenar a quienes por diversos factores se han sometido a una práctica abortiva, sino que en la educación y promoción sobre el valor de la vida y una sexualidad sana y responsable, a fin de disminuir los embarazos no deseados. Además la Iglesia Metodista acompañara siempre pastoralmente a quienes hayan estado involucrados en este tipo de experiencia.

K) El Término Voluntario de la Vida Humana: En la Iglesia Metodista creemos que la decisión personal de poner término a la existencia propia, no es la forma en que la vida humana debiera terminar. Generalmente este es el resultado de depresiones no tratadas, o del sufrimiento o dolor físico.
La Iglesia Metodista tiene la obligación de acompañar a todas las personas para que tengan acceso al acompañamiento pastoral adecuado y al tratamiento médico necesario, así como las terapias que ayuden a definir correctamente el futuro a aquellos que han decidido poner término a sus vidas. El Estado deberá proveer la asistencia medica necesaria para quienes atraviesan por estos padecimientos, en especial por aquellos que no poseen los medios económicos suficientes para sobrellevar de forma digna su condición de vida en estado terminal.
La perspectiva cristiana sobre este tema debe tener siempre como base la Afirmación de Fe que Nada, incluido cualquier forma de suicidio o eutanasia, nos separa del Amor que Dios tiene hacia nosotros (Romanos 8:38-39). En razón a esto, es que rechazamos la condenación de las personas que han cometido estos actos, y el estigma que recae sobre los familiares o aquellos que han sobrevivido.

Como Iglesia Metodista somos partícipes de los procesos sociales y culturales y ellos están presentes y relacionados con nuestras formas de vivir la fe y de la forma como nos relacionamos al interior de nuestras iglesias, familias, trabajos y comunidad. El dialogo, la participación, el intercambio de información, los avances de la ciencia y una fe como respuesta a los desafíos, nos permite abrirnos a nuevos temas y problemáticas las cuales, vista desde unas décadas atrás, sería imposible dialogar en el presente. En este contexto y desde nuestra identidad metodista, queremos hacer un planteamiento pastoral frente a estas nuevas realidades.

ARTICULO III
EL CRISTIANISMO Y LOS DERECHOS HUMANOS

Durante los diecisiete años de la Dictadura cívico-militar se experimentó, como nunca antes se había conocido en Chile, una política de atropello sistemático a los derechos de los ciudadanos por medio del maltrato físico (allanamientos de moradas, raptos, torturas, hambre, enfermedades), la presión ideológica (imposición de anti valores a través de los medios de comunicación controlados por el gobierno) y campañas sicológicas del terror, entre otros, por lo que este gobierno fue sistemáticamente condenado por la Organización de las Naciones Unidas.
Además a lo largo de la historia de nuestro país podemos reconocer diversos episodios donde se han violado los derechos humanos, desde las guerras territoriales hasta golpes de estado, en todos los casos el maltrato físico, la presión ideológica, y la segregación social marcaron la tónica. Es por ellos que la tarea ineludible de la Iglesia Metodista, en este contexto, impulsar una teología de la vida que promueva la justicia social y denuncie los atropellos a las personas en todos los contextos, tiempos y en todos los gobiernos.
a) Promoción de los Derechos Humanos: Es responsabilidad de la Iglesia Metodista orientar tanto a la población como a los gobernantes, en cuanto a la necesidad de garantizar las condiciones culturales, ambientales, socioeconómicas, ecológicas y otras, que contribuyan a crear las condiciones donde haya trabajo, alimento, salud, vivienda y educación equitativamente para todos y todas.
En chile es particularmente importante defender la identidad política, social, sexual, social y cultural de los distintos grupos humanos que conforman nuestra población. De igual importancia es recuperar en plenitud las libertades de expresión, asociación, reunión.
Es preciso combatir la discriminación económica y racial que atenta contra integración de la población. El armamentismo, el terrorismo, el militarismo son anti valores que la Iglesia debe radicar promoviendo la no – violencia, el respeto mutuo y la participación cívica creciente y responsable de la ciudadanía.

b) Denuncia de los atropellos a los Derechos Humanos: La Iglesia Metodista cree que la sociedad chilena es capaz de sanar sus propias heridas, para lo cual será necesario revelar la verdad escondida detrás de secuestros, desapariciones, torturas, exilio, etc., y restablecer el principio de que un estado de Derecho sólo existe, donde no hay impunidad para cometer crímenes de lesa humanidad.
En el proceso de democratizar la república, será necesario reglamentar la conducta del Estado, para que nunca más se violen impunemente los derechos ciudadanos, por la autoridad constituida precisamente para garantizarlos.
Abogamos por la independencia real del Poder Judicial de los otros poderes del Estado, particularmente de aquellos que se han excedido u omitieron en sus atribuciones. La Iglesia postula el establecimiento de sistemas que posibiliten la rehabilitación de los delincuentes y que los tribunales puedan establecer una justa sanción penal por los delitos cometidos. La Iglesia Metodista se opone a la pena capital.

ARTICULO IV
LA IGLESIA FRENTE AL MUNDO POST MODERNO.

Reconociendo que el evangelio de Jesucristo es una respuesta a las necesidades humanas, comprendiendo este como algo integral, renovador y transformador de realidades, nos hacemos responsables delante del mundo que tenemos a la:

A) Integración Latinoamericana: La Iglesia Metodista fomenta la integración Latinoamericana, con respecto a las diversas culturas de sus pueblos, buscando su desarrollo armónico desde sus raíces, desde su espiritualidad, desde lo económico que permita atender las necesidades de la población en forma equitativa.
Las fronteras que separan y aíslan a nuestras naciones tienen sus raíces en intereses políticos de sectores privilegiados que se benefician con esta situación, como también de esquemas económicos que buscan quebrar la unidad Latinoamericana que haría posible proponer al resto del mundo un trato económico y social más justo. Como primera instancia es preciso avanzar en la unidad de las iglesias cristianas Latinoamericanas para así adquirir la autoridad moral para promover el acuerdo de unidad entre las naciones. Con tal fin, las iglesias cristianas y sus instituciones promoverán(los estudios de) la integración continental y la necesidad de buscar soluciones en conjunto a problemas comunes como el de la deuda externa, pobreza, desarraigo, narcotráfico.

B) Capital – Trabajo – Cesantía: La Iglesia Metodista rechaza el concepto de que la cesantía y la pobreza son una carga impuesta a nuestros pueblos por voluntad de Dios. Por el contrario, los metodistas afirmamos que toda persona capacitada tiene el derecho otorgado por Dios a un trabajo digno cuyo salario le permita el sostenimiento adecuado de su hogar. Los cristianos deben comprometerse en aquellos proyectos que buscan erradicar la cesantía, las causas de la extrema pobreza y otros males mayores. A la vez, la iglesia orientará a la comunidad en cuanto al sentido moral de la propiedad privada que permite a la familia gozar de vida íntima y garantizar el sostenimiento del grupo familiar; pero, denunciará la inmoralidad de aquella propiedad privada entendida como el enriquecimiento desenfrenado de algunos en desmedro de los derechos del resto de la población. El punto de partida bíblico para esta educación es la Doctrina Bíblica del Jubileo, (el derecho a un nuevo comienzo).

C) Fe y Política: La Iglesia Metodista proclama el Evangelio Integral de nuestro Señor Jesucristo, el cual promueve una saludable coherencia entre liturgia (culto) y ética (conducta) en cada una y uno de los creyentes.
Toda y todo metodista es responsable de las implicaciones éticas de justicia, verdad, solidaridad y paz que se desprenden del Evangelio, y cualquiera que sea su opción político partidista, estos valores evangélicos harán compatibilizar los proyectos políticos, con aquellos elementos que acercan las señales del Reino de Dios.
Una iglesia de mística enajenante y de irresponsabilidad política no es coherente con el Evangelio, así como tampoco lo es una iglesia que no acepta el pluralismo ideológico de sus miembros, en tanto esta variedad esté fundada en los principios permanentes del Evangelio.

D) De los Vicios: Para la Iglesia Metodista el pecado estructural, manifestado en la falta de oportunidades, la pobreza, el deficiente sistema educacional, los roles sociales impuestos por el sistema social y económico imperante, ha impulsado crecientemente a los chilenos a diversas vías de escape, las que, a su vez, han sido ávidamente aprovechadas por los oportunistas que no miden el daño que se hace a la persona humana.
La iglesia Metodista debe dar mayor atención a los esfuerzos que se hacen para prevenir y combatir estos males sociales.
Los cristianos, en general, deben asociarse para combatir ecuménicamente estos males.
La iglesia proveerá los espacios y oportunidades para denunciar las causas y atender las necesidades de las víctimas de estos vicios.

E) Energía Nuclear: La Iglesia Metodista considera la energía como una importante herramienta para el desarrollo de la humanidad, siempre que ésta se utilice con fines pacíficos, y tanto sus instalaciones con sus desechos sean manejadas con la estricta seriedad y responsabilidad que el caso requiere, a fin de evitar efectos colaterales o consecuencias funestas, tanto a los seres humanos como a la naturaleza que nos rodea.

F) Ingeniería Genética: En la Iglesia Metodista creemos que la ingeniería genética debe estar orientada por la moral cristiana de tal manera de evitar la manipulación de la vida, sin el debido respeto a las normas establecidas por Dios en el orden natural.

G) Medios de Comunicación y Manipulación Cultural: La Iglesia Metodista ha constatado en nuestro país que, por un lado existe una concentración de los medios en pocas personas y, por otro, que la masificación de los medios de comunicación está destruyendo el diálogo saludable entre la población. Particularmente la televisión ha reiterado su rol de mero emisor sin dar ocasión a una respuesta real de la teleaudiencia.
Se ha generado de esta manera una manipulación de la población con fines puramente mercantilistas. Es preciso, entonces, estimular aquellos proyectos de análisis crítico de la TV, revistas, diarios, radios, y periódicos, espacios web, así facilitando la creación de talleres de comunicación alternativos y comunitarios. Las iglesias locales e instituciones educacionales y sociales deberán denunciar la manipulación económica, la exaltación de la violencia, el erotismo, y la vaciedad valórica de la información.

H) Defensa del Medio Ambiente: La Iglesia Metodista debe abogar por el establecimiento de una ley que se pronuncie en contra de la contaminación y la depredación de los recursos naturales en nuestro país. Es así como la iglesia declaro el 2012 que es necesario “reconciliarnos con Dios y con lo creado” como una expresión responsable ante las políticas medio-ambientales.

I) El Cambio Climático: Durante las últimas décadas se han observado cambios en el clima del planeta, evidenciados por el aumento de la temperatura de los mares, el derretimiento de los hielos polares, variaciones en los regímenes de lluvias entre otros. Los científicos han pronosticado que en 100 años la temperatura promedio aumentará entre dos y cinco grados Celsio, y el nivel del mar se elevará más de 80 centímetros. Esto pudiera dar lugar a modificaciones en la temporada de huracanes, cambios en los regímenes de lluvia, erosión y salinización de los suelos, y otros efectos negativos para la agricultura y la salud humana y animal. La Iglesia Metodista comparte y promueve el principio que sólo la acción inteligente y bien orientada de las personas, y de las naciones y comunidad de naciones, permitirán reducir las consecuencias negativas del cambio climático.

J) Los movimientos migratorios: El refugio, las migraciones y los desplazamientos internos son una realidad que afecta cada vez más a todos los países del mundo y de manera especial a los países más pobres. En Chile en la última década está experimentando un fuerte aumento de estos movimientos migratorios de personas. Sabemos de los efectos no sólo de quienes viven esta experiencia, sino también de las familias que quedan en sus países, localidades o comunidades. Como Iglesia Metodista, en cuanto comunidad y espacios de acogida, promovemos y defendemos el derecho de las personas desarraigadas a vivir con dignidad, con derecho y deberes en el lugar que elijan.